PECADOS: Los errores y horrores del Obispo de Puno

Esta no es una afrenta, es el sentir de un sector, pequeño o grande, del pueblo de Puno. La labor del señor Jorge Carrión Pavlich, Obispo de la Diócesis de Puno, ha sobrepasado lo pastoral, ha devenido en un manejo arbitrario de la iglesia en la región. Por esta razón, hay una desazón, y hay quienes quisieran irse de su rebaño, apostar por la libertad para orar y gritar su fe sin someterse a sus caprichos.

Cuando recién arribó como “administrador apostólico”, se mostró en desacuerdo y disgustado de las costumbres de las comunidades que acudían a sus iglesias para rendir homenaje, según sus creencias, a Dios y sus divinidades encarnadas en santos y en vírgenes. Su enfado por el picchado de coca y la “ch’alla” a la pachamama, delante suyo o de las iglesias, por parte de nuestros hermanos campesinos, era evidente.

El maltrato a curas apreciados por el pueblo católico, como el Padre Pepe Loitz, por ejemplo, hasta abandonarlo en su tránsito de enfermo a muerto, es un hecho que ha dejado una profunda herida en la feligresía católica y la comunidad en general.

Su espíritu intervencionista en actividades colectivas de hermanos organizados para velar por la devoción fue lapidario. Lo más elocuente y lesivo sucedió al interior de la “Hermandad de Celadores de la Virgen de la Candelaria”. No solo despojó de su conducción a devotos, que por años, se habían esforzado en mantenerla vigente y activa, sino cambió su estatuto y entregó su administración a un grupo de amigos que le rinden cuentas y saldos, todos los días.

Lo propio ocurrió en la administración de las iglesias y parroquias. Antes, las limosnas y los ingresos que se generaban en cada una de ellas –cobros por misa, por ejemplo- se quedaban para su auto sostenimiento y obviamente, en la manutención del párroco y sus colaboradores. Ahora, Jorge Carrión ha dispuesto que esos dineros, sino todo, en gran parte, primero ingresen a “caja” del obispado para luego recién ser “distribuídos” a cada parroquia. Una suerte de “centralismo” en el manejo de los dineros de la iglesia. Este es el testimonio de varios párrocos y curas que, como es comprensible, prefieren el anonimato para evitar represalias.

Algo más preocupante, poco transparente, viene ocurriendo con el patrimonio material que guardan las iglesias, parroquias y templos de la región. El ministerio de cultura que algo tiene que ver con su mantenimiento porque varias de ellas son consideradas monumentos, no ha logrado hasta el momento, por temor y no porque le falte autorización, a efectuar un registro de todos los objetos de oro, plata, cobre, bronce, etc., pinturas y adornos que, gracias al aporte de los pueblos, existen en estos lugares. Nadie sabe exactamente cuánto hay, ni a cuánto suma lo valioso que se ha ido donando a estas capillas dedicadas al Señor y la fe. Lo único que se sabe es que han ido ocurriendo robos y más robos registrados e informados por los pobladores a la policía, y los “retiros” de varios de esos bienes bajo el pretexto de su cuidado y custodia. Así cada vez más, testimonio de feligreses de diversas partes de la región, las iglesias, templos y parroquias están quedando tristes, abandonadas y encima desvalijadas.

Pero, quizás, el caso más criticable y cuestionable, el más mediático, hasta ahora, es aquél cuando el obispo cogió de la oreja izquierda y por lo menos durante cinco segundos a un niño al que estuvo jaloneando diciéndole que ¡Cómo es posible que retire el cuerpo de Cristo!. El niño agredido tenía ocho años y lo trató así porque el menor se sacó de la boca la hostia que segundos antes había recibido, este incidente ocurrió en la iglesia San Juan.

Los padres del menor indignados por este maltrato acudieron a la Comisaría de Puno, para denunciar a Jorge Carrión Pavlich por agresión física en contra de su menor hijo F.J.A.C. (08), el niño acompañado de sus padres acudió a pasar el examen médico legista.

Los padres contaron a la prensa local que su hijo después de recibir la hostia, por desconocimiento, la retiró de su boca, hecho que generó la reacción del obispo. Jorge Carrión Pavlich, respondió a la acusación diciendo que: “Cuando hay la profanación de un sacramento qué sucede… le he llamado la atención. Con la hostia no se juega. Y si el niño no sabía, para qué lo traen a comulgar. Que me denuncien no hay problema. Pero entonces deben educar mejor a sus hijos, no todo está permitido en la iglesia. He tratado de corregir”, sostuvo.

Han pasado meses y casi como siempre pasa en el poder judicial, este es otro proceso donde no hay sentencia, pese a los hechos demostrados. Tal parece que para el poder judicial, el obispo tiene más derechos -¿o será poder?- que el niño. Para nosotros es temor.

Con razón, algunos escépticos y otros opositores a la iglesia católica, sostienen que llegado el tiempo, no quedará piedra sobre piedra en este templo de perdición. Nada sobra. Cada detalle, cada nombre, cada gesto. Todo en su justo lugar. La liturgia diaria, la profesión de fe, la creencia ideológica en cápsulas de odio y miseria, convertida en mensaje teledirigido, se ahogó en el mar; en ese que embarra a una secta y de cuya pestilencia nadie puede escapar.

El pueblo fiel, ese que asiste devotamente, ese que entrega su voto como diezmo en procura de una esperanza sembrada desde el discurso; escucha a su pastor; con el mismo ímpetu, con las mismas metáforas, con las mismas parábolas, con la misma intensidad con la que hace daño, margina y maltrata.

Con este tipo de actitudes, el evangelio se torna en apocalipsis. La homilía se convierte en el desfalco a la fe de un pueblo.

Hay quienes no tenemos ni arte ni parte en este sacrificio y pese a los riesgos de ser víctimas de las iras del obispo, nos hemos propuesto decir ¡basta! A este sincretismo de probable corrupción, intrigas, vejámenes, burla y sacrilegios morales.

Pero claro, la tarea de develar los pecados de un pastor no es tarea fácil, pero queremos ayudar a abrir los ojos, a destapar los oídos, a conmover los corazones, a promover –si es que se puede- rectificaciones, porque el tiempo de Dios es perfecto; Dios quiera que al retomar la fe y la razón, del Pastor y su rebaño, ya nunca nadie intente desfalcarla.

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